Aún no recuerdo como comenzó todo, era una tarde fenomenal de un día de verano, disfrutaba con mis amigos y mi novia una velada estelar, el día de nuestro aniversario de novios. Tenía exactamente todo lo que una persona normal podría pedir, hasta que un infortunio desparramo las primeras gotas de terror del final de la humanidad.
Fue una suerte que supiera que era o; que mi paranoia me despertó los sentidos de un tiempo pagano, cuando jugaba a la computadora o leía cosas de ese genero. Una persona de tez platina se abalanzó encima de una mujer mayor y le sacó (literalmente) un trozo de su cuello para mostrarlo como trofeo delante de todos, la sangre coagulada de su dentadura estaba oculta en un mar negro de dudas. Un solo segundo, nada más valiente que eso.
Le tomé la mano bien fuerte a mi novia y comencé a arrastrarla dentro de la muralla de atletas contemporáneos, entre empujones e insultos avanzamos. Esquivamos muchas personas que eran devoradas por estas bestias que habían aparecido de la nada y algunos amigos, bienaventurados sean. Me pudieron seguir el paso, para lograr huir de forma cautelosa y repentina.
De repente, recordé todas las veces que hice el amor con ella, cuantas veces terminábamos en la cama, sucios e impugnados por nuestros líquidos sexuales. Pensando en un final los dos juntos de ancianos, algo que ahora parecía esfumarse. Esa fue la determinación que necesite cuando aún quedaban un par de coches estacionados en la rambla del Parque Rodo.
Me mire con Lukz (el único de mis amigos que estaba a mis espaldas en ese momento) y decidimos con una mirada de preocupación que era lo mejor. Dejé a mi novia aparte, lejos de toda esa violencia que estaba por presenciar. Vimos el Chevrolet Monza y nos subimos arriba de forma improvisada, el conductor intento defenderse. Eramos dos contra uno, lo sacamos a patadas y deje que Lukz manejara mientras tanto yo hacía las veces de copiloto de mi novia, de su corazón ahora ya perdido en el terror de tener esas criaturas detrás nuestro, se multiplicaban peor de lo imaginable. Ya habría unos cincuenta y cerca nuestro.
Allá a lo lejos, aparecieron dos amigos más, que haciendo señas delante nuestro, nos obligaron a frenar. El Pato y el die entraron casi en un susurro dentro de todo aquel barullo que Lukz dejó atrás acelerando bruscamente.
-Mierda, ¿viste eso Pela?- me preguntó el Pato con su voz nasal. Mire a través de los lentes como el terror estaba en su mirada, la virginidad que se perdió al tener contacto directo con la muerte. Yo estaba igual, solo era un reflejo de lo que veía en el espejo de mi mismo.
-¿Qué hacemos ahora?- indagó Agus entre sollozos perdidos en mi pecho.
Habían dos tipos de lideres: El bueno y el malo. El malo era ese que pensaba solo en su grupo y dejaba atrás a todos los que quisieran interponerse en el camino de su supervivencia, el bueno era el que intentaría avisar de este suceso a las autoridades y dejar que todo fluyera según su caudal natural.
-Vamos a tener que conseguir armas- dijo Lukz apagando el sonido del silencio. Nunca estuve más de acuerdo con él.
-En Colonia hay una armería muy buena. Si llegas a tiempo podemos apretar al dueño antes que vea que es lo que pasa y piense en dispararnos.
-Vamos entonces- termino la discusión él, dejando la autoridad de lado para tener la mejor suerte. Poder hacer otra cosa que torturarse con la pregunta obvia: ¿Qué mierda estaba pasando?
El mayor orgullo de un escritor, es llorar con su propia obra. Es el auge de la excitación épica de la realidad.
lunes, 14 de mayo de 2012
sábado, 21 de abril de 2012
Flamenco cósmico (Éxiles)
No
importaba cuantas veces había ganado, ni cuantas veces había perdido. La
escalera hacia la inmortalidad estaba frente a él. La última gran pelea de Cyd
de Ofiuco. Con el silencio de sus compañeros fue subiendo peldaño a peldaño
para quedar frente a frente con su rival final. Incluso con el temor que sentía
frente al momento, se recordaba humano. No un dios.
Sagitario
estaba con los brazos cruzados y sus ojos cerrados meditando, tomando las
últimas bocanadas de aire pasivo. Luego del primer paso de ambos, solo tendría
un final posible.
El
final estaba cada vez más cerca, las constelaciones de Ofiuco y Sagitario
danzaban en lo distante del cosmos entre sí, una marcha épica de romántico
estilo. Las miradas de ambos continuaban con esa pequeña llama de determinación
que se iba apagando cada vez más. Ambos eran ideólogos de esta nueva era de
destrucción. Ambos con el mismo plan, solo uno lo podía llevar a cabo.
Cyd
tomó la banda con la que Agus se ataba el cabello y se la puso en su frente. Con giros veloces para no perder de vista a su enemigo, el
Styler se retiró de su trance lentamente; todos los violines de su mente se
apagaron para volver a la realidad.
Virgo salió
de su escondite para admirar a la distancia el combate que se estaba por
realizar. Detrás de ella, todos los éxiles de todas las generaciones. La expectativa
era tal, que sus almas pudieron volver un día más, para ver el último combate
de esta intensa guerra que llevaban a cabo. Cáncer la tomo en brazos, en un
gesto de ternura infinita.
La mano
de Cyd comenzó a llamear en cámara lenta, una pequeña chispa que nunca antes se
había visto, un núcleo de energía y poder que aumentaba de tamaño levemente. La
sonrisa del éxile, característica de expectativa no demoraría en llegar. Luego
solo quedaría un dialogo de despedida en caso de perder, para terminar de una
vez por todas con la guerra.
El único
árbol que quedaba en la ciudad, ondeaba su última hoja. Que se fue
desprendiendo anunciando el comienzo del invierno. Lentamente fue ondeando para
quedar, irónicamente, en medio de ambos. Al caer, fue desintegrada por el poder
de ambos titanes de la historia bélica.
No hubo
gritos, no hubo diálogo. Ambos tomaron ese detalle de destrucción final, como
que la tierra aclamaba el comienzo de la batalla.
Cyd corrió velozmente sin titubear ninguno de
sus pasos. Ya conocía la respuesta interna a su pregunta. Él era quien debía
matar a Sagitario y hasta allí llegaba él, una acometida suicida en la que
dejaría lo poco que quedaba de su instinto animal. Lo poco que era él, por el
bien común de todos. La primera vez que luchaba por algo que no fuera solo “sus
motivos”.
Sagitario
lo esperó, con su guardia en alto y su sonrisa desvaneciéndose poco a poco. Esa
sonrisa casi de ternura, que transformaba al dios en diablo, en mártir. Con
esas pocas pisadas de distancia ambos dejaron que sus mentes perecieran para
dejar lo único que les haría vencer. Sus ansias de victoria.
Ambos
puños se cruzaron y explotaron en un destello sonoro, como el anuncio del
comienzo de una guerra. No era una simulación, era el destino de todos en los
puños de los dos más fuertes.
jueves, 19 de abril de 2012
La cercanía del crimen (Viejo Verde)
Matías se bajo de su coche y saco el envase de Coca Cola chico que tenía, bebió un trago mientras hacía la escalera larga de mármol, para entrar a su casa. Vivía en la blanqueada. Una de las casas privilegiadas del sector. Aun con sus padres, era muy chico para poder sostener la economía. Gastaba mucha plata en cosas triviales. Como su comida, muy cara. O su ropa, también de ultimo modelo. Era lo que se consideraba "cheto" dentro de la polis montevideana. Todo esto poca importancia tenía, por fin estaba haciendo algo bien. ¡Luego de tantos errores!
Se escucho el click de la traba y entro a la puerta. Solo para verse abrumado por un arma que le apuntaba directamente a la sien. Sus padres estaban atados. Una persona con un canguro nike y mirada café le consumía su sistema psicológico. Lo conocía, era su mejor amigo de la infancia. Jorge. Sonrió esperando que fuera una broma, pero al ver que su "amigo" no bajaba el arma, no le quedo otra que levantar sus manos para ser victima del atraco del mismo.
-Estas muy cerca del viejo verde para su gusto- Matías trago saliva sorprendido ante esta situación. Luego de tanta investigación, haberlo visto le daba un lugar privilegiado, no había conseguido atraparlo por su inexperiencia. Pero, ¿esto?, ¿su mejor amigo como sabía tanto? -Además, no debiste venir solo.
-No lo hizo- se escucho una tercera voz. Un arma negra como el carbón y llameante como una luz de esperanza apareció. Matías estaba cada vez más sorprendido. Taz estaba allí, al lado de Jorge, en una mejor posición para vencerlo.
Sin importar lo que haría Jorge a continuación, sería en vano. Se giro intentando disparar. Pero falló, recibiendo así un puñetazo que le derribo, quitandole el único poder que tenía. Su arma. Taz sonrió. Novatos, todos eran novatos. Una maldita realidad, girar 180º para atacarlo había sido un error que bien podría haberle costado la vida. Pero, había nombrado al viejo verde, era la mejor chance que esperaba tener.
-Eso esta en contra de la ley niño- dijo, para apagarle la general de un puñetazo.
Jorge se despertó aturdido. Con la mirada nublada viendo imágenes de una droga ya perdida en su cuerpo. El poco valor que le quedaba y dignidad. Estaba desnudo, en la casa de Matías, tal cual recordaba in situ la posición del amueblado. No podía entender como había terminado así, tan rápido, no creía haberse desmayado tanto tiempo, seguía habiendo una tenue luz de la tarde a fin de cuentas.
-Por fin te has despertado. Es hora de que hables. Matías luego de una pequeña discusión... - notó el tono sarcástico en el cual dijo eso, esa persona con el acento propio yanqui. -Ha accedido a dejarme tratar contigo. Que sería lo más justo, ¿no?
-No sé nada lo juro. Me pagaron con droga para poder hacer esto, lo juro. ¡Déjame ir por favor!
-¿Dejarte ir?- pregunto Taz mostrando su calva de forma sombría. Luego sus ojos mostraron la determinación que robó unas lagrimas en el "drogadicto". -Casi me matas, ¿esperas que te deje ir?, sueñas niño. Sueñas, primero me dirás quien te lo ofreció y como encontrarlo- mientras hablaba giraba un cinturón en su mano derecha, dejando la hebilla a la altura de sus nudillos.
-No lo sé, no lo conozco. ¡LO JURO!- contesto él y recibió un puñetazo que le lleno la boca de un gusto metálico.
-Eso debió doler. Ya te he sacado un diente. ¿Donde...?, ¡Mira aquí está!- Taz le mostró un premolar de textura infantil, de color tabaco. -¿Quien y como encontrarlo?
Matías se mantuvo alejado de la situación la mayor parte del tiempo. Era la primer tortura que presenciaba. Podía sentir la mirada de su amigo buscándolo. Pero, Taz tenía razón, no en el método, sí en el argumento. Había amenazado la calma de su vida, la seguridad de la misma. Tirando por la borda casi 2 años de un proyecto que tenía. Nombrando al viejo verde, había terminado por condenar su existencia, hasta el punto que él. No se sentía arrepentido de darle el poder a su compañero.
El yanqui lo dejo solo, para reflexionar. Los cinturones que lo tenían atado a la silla le estaban ahogando el aire. Tenía la mayoría de la boca toda rota, movía la lengua intentando encontrar sus dientes, que pocos le quedaban para sentir. Mierda, ¿porque se había metido en eso?, ¿donde estaba Matías?, seguramente estaba por algún lado chusmeando el muy hijo de puta.
Taz volvió con un vaso de vodka a medio beber. Se acerco sutilmente al drogadicto y le lanzó una oleada de su aliento fétido. Enseguida le arrojó el resto del contenido adentro de la boca. Los gritos de dolor agónico no tardaron en surgir. Matías tuvo que mirar para otro lado, era demasiado duro. No esperaba tanta violencia injustificada tampoco.
Los gritos ahogados parecían proferir palabras desde lo más profundo de su alma. Él, con su experiencia intacta en este tipo de experiencia se quedo a la espera, con calma, casi como si fuera algo de todos los días. Agarró un sillón que había allí y lo acomodo enfrente a su victima, mirando como la mirada del niño llameaba frustración, impotencia. Just a little bit more.
-¿Sabes?, lo maravilloso de un ser humano en una situación desesperada, como la tuya... - sonrió de forma oscura, casi con nostalgia en sus labios. -Es que la adrenalina te mantiene consciente, tienes miedo y eso te deja atento a cada partícula de dolor, para mantenerte vivo. Es una especie de tratado de libre comercio. Pero. Yo ya he terminado contigo- termino el veterano sacando su glock para ponérsela en la boca a su victima. Escucho el sollozo.
Amenazando con sus tendones desnudos, para mostrarle a su victima el estado de compromiso que tenía con esa situación. Comenzó a tensar su mano, para aterrarlo aun más. Escucho el ultimo suspiro de valentía desvanecerse y le sacó el arma de la boca conforme con su actuación. Aplaudiendo su obra dejo que el silencio terminara con lo poco de dignidad que le quedaba al muchacho lentamente, disfrutando cada segundo.
-Se llama Emiliano. Le dicen "el cacho", no sé porque- hablaba rápido, sin sacar un ojo de la mano derecha, la portadora del arma. -Vive en villa española. En Yucatan y 20 de febrero. No sé el numero de puerta, lo juro. No sé más que eso. Déjame ir, por favor.
Taz asintió como si fuera un profesor de universidad ante una respuesta bien elaborada. Le quito los cinturones y atajo el cuerpo agotado del chico. Giró para ver a Matías a los ojos y le guiño un ojo. Dejo su arma en la cartuchera y se cargo al drogadicto hasta la salida de la casa.
-¿Vienes de caza?- preguntó y Matías no tuvo más que sentir en contra de lo que deseaba, tomarse una ducha caliente y dormir para despejar su mente del miedo.
Se escucho el click de la traba y entro a la puerta. Solo para verse abrumado por un arma que le apuntaba directamente a la sien. Sus padres estaban atados. Una persona con un canguro nike y mirada café le consumía su sistema psicológico. Lo conocía, era su mejor amigo de la infancia. Jorge. Sonrió esperando que fuera una broma, pero al ver que su "amigo" no bajaba el arma, no le quedo otra que levantar sus manos para ser victima del atraco del mismo.
-Estas muy cerca del viejo verde para su gusto- Matías trago saliva sorprendido ante esta situación. Luego de tanta investigación, haberlo visto le daba un lugar privilegiado, no había conseguido atraparlo por su inexperiencia. Pero, ¿esto?, ¿su mejor amigo como sabía tanto? -Además, no debiste venir solo.
-No lo hizo- se escucho una tercera voz. Un arma negra como el carbón y llameante como una luz de esperanza apareció. Matías estaba cada vez más sorprendido. Taz estaba allí, al lado de Jorge, en una mejor posición para vencerlo.
Sin importar lo que haría Jorge a continuación, sería en vano. Se giro intentando disparar. Pero falló, recibiendo así un puñetazo que le derribo, quitandole el único poder que tenía. Su arma. Taz sonrió. Novatos, todos eran novatos. Una maldita realidad, girar 180º para atacarlo había sido un error que bien podría haberle costado la vida. Pero, había nombrado al viejo verde, era la mejor chance que esperaba tener.
-Eso esta en contra de la ley niño- dijo, para apagarle la general de un puñetazo.
Jorge se despertó aturdido. Con la mirada nublada viendo imágenes de una droga ya perdida en su cuerpo. El poco valor que le quedaba y dignidad. Estaba desnudo, en la casa de Matías, tal cual recordaba in situ la posición del amueblado. No podía entender como había terminado así, tan rápido, no creía haberse desmayado tanto tiempo, seguía habiendo una tenue luz de la tarde a fin de cuentas.
-Por fin te has despertado. Es hora de que hables. Matías luego de una pequeña discusión... - notó el tono sarcástico en el cual dijo eso, esa persona con el acento propio yanqui. -Ha accedido a dejarme tratar contigo. Que sería lo más justo, ¿no?
-No sé nada lo juro. Me pagaron con droga para poder hacer esto, lo juro. ¡Déjame ir por favor!
-¿Dejarte ir?- pregunto Taz mostrando su calva de forma sombría. Luego sus ojos mostraron la determinación que robó unas lagrimas en el "drogadicto". -Casi me matas, ¿esperas que te deje ir?, sueñas niño. Sueñas, primero me dirás quien te lo ofreció y como encontrarlo- mientras hablaba giraba un cinturón en su mano derecha, dejando la hebilla a la altura de sus nudillos.
-No lo sé, no lo conozco. ¡LO JURO!- contesto él y recibió un puñetazo que le lleno la boca de un gusto metálico.
-Eso debió doler. Ya te he sacado un diente. ¿Donde...?, ¡Mira aquí está!- Taz le mostró un premolar de textura infantil, de color tabaco. -¿Quien y como encontrarlo?
Matías se mantuvo alejado de la situación la mayor parte del tiempo. Era la primer tortura que presenciaba. Podía sentir la mirada de su amigo buscándolo. Pero, Taz tenía razón, no en el método, sí en el argumento. Había amenazado la calma de su vida, la seguridad de la misma. Tirando por la borda casi 2 años de un proyecto que tenía. Nombrando al viejo verde, había terminado por condenar su existencia, hasta el punto que él. No se sentía arrepentido de darle el poder a su compañero.
El yanqui lo dejo solo, para reflexionar. Los cinturones que lo tenían atado a la silla le estaban ahogando el aire. Tenía la mayoría de la boca toda rota, movía la lengua intentando encontrar sus dientes, que pocos le quedaban para sentir. Mierda, ¿porque se había metido en eso?, ¿donde estaba Matías?, seguramente estaba por algún lado chusmeando el muy hijo de puta.
Taz volvió con un vaso de vodka a medio beber. Se acerco sutilmente al drogadicto y le lanzó una oleada de su aliento fétido. Enseguida le arrojó el resto del contenido adentro de la boca. Los gritos de dolor agónico no tardaron en surgir. Matías tuvo que mirar para otro lado, era demasiado duro. No esperaba tanta violencia injustificada tampoco.
Los gritos ahogados parecían proferir palabras desde lo más profundo de su alma. Él, con su experiencia intacta en este tipo de experiencia se quedo a la espera, con calma, casi como si fuera algo de todos los días. Agarró un sillón que había allí y lo acomodo enfrente a su victima, mirando como la mirada del niño llameaba frustración, impotencia. Just a little bit more.
-¿Sabes?, lo maravilloso de un ser humano en una situación desesperada, como la tuya... - sonrió de forma oscura, casi con nostalgia en sus labios. -Es que la adrenalina te mantiene consciente, tienes miedo y eso te deja atento a cada partícula de dolor, para mantenerte vivo. Es una especie de tratado de libre comercio. Pero. Yo ya he terminado contigo- termino el veterano sacando su glock para ponérsela en la boca a su victima. Escucho el sollozo.
Amenazando con sus tendones desnudos, para mostrarle a su victima el estado de compromiso que tenía con esa situación. Comenzó a tensar su mano, para aterrarlo aun más. Escucho el ultimo suspiro de valentía desvanecerse y le sacó el arma de la boca conforme con su actuación. Aplaudiendo su obra dejo que el silencio terminara con lo poco de dignidad que le quedaba al muchacho lentamente, disfrutando cada segundo.
-Se llama Emiliano. Le dicen "el cacho", no sé porque- hablaba rápido, sin sacar un ojo de la mano derecha, la portadora del arma. -Vive en villa española. En Yucatan y 20 de febrero. No sé el numero de puerta, lo juro. No sé más que eso. Déjame ir, por favor.
Taz asintió como si fuera un profesor de universidad ante una respuesta bien elaborada. Le quito los cinturones y atajo el cuerpo agotado del chico. Giró para ver a Matías a los ojos y le guiño un ojo. Dejo su arma en la cartuchera y se cargo al drogadicto hasta la salida de la casa.
-¿Vienes de caza?- preguntó y Matías no tuvo más que sentir en contra de lo que deseaba, tomarse una ducha caliente y dormir para despejar su mente del miedo.
jueves, 12 de abril de 2012
La pesadilla
Enormes bosques sin fin, dentro de una penumbra de perdigones destruidos. Saque un cigarro y me adentre con cautela, no era mi idea parecer imprudente, tampoco era que quisiera estar mucho más allí dentro. No sabía donde estaba, ni me interesaba saberlo. Estaba por algún motivo en particular que mi misión, era encontrarlo. El silencio era tan fuerte, que podía escuchar el quemar de mi cigarro con cada pitada que le daba. Oía mis propios sentidos advirtiéndome que me fuera de esa soledad eterna que me rodeaba.
Además de mi propio sonido, algunas voces extrañas parecían ulular maldiciones en torno a mi persona. Pero, hablaban en otro idioma, simplemente eso. En otro día existencial que yo no viví, ni viviría. Lo único que tenía era un cuchillo, pero, era otro de esos items, como todo lo que me rodeaba que no podía entender.
Caminé unos cuantos kilometros antes que mis piernas empezaran a quejarse. En ese momento decidí que lo más sabio sería gritar, para conocer la existencia de otras personas, dentro de lo humano posible.
Grité una, dos y tres veces. Nada, no había señales de personas, como tampoco había de un final del bosque. Los arboles hechos de carbón, parecían tener un rostro y unos ojos, en sus llamas de vida. Ellos me miraban y yo desviaba su atención.
Era como si todo lo que me rodeaba, fuera parte de la misma cosa. Dado que yo debía ser el núcleo de la situación. Solo cuando realmente menos esperaba, escuche el sonido de un disparo, que me sacudió la sien, para ver el terror personificado. Yo mismo, estaba con el arma que me había matado. Cayendo los dos en un sin fin de precipicios eternos y paradójicos. Terminando en mi cama.
Además de mi propio sonido, algunas voces extrañas parecían ulular maldiciones en torno a mi persona. Pero, hablaban en otro idioma, simplemente eso. En otro día existencial que yo no viví, ni viviría. Lo único que tenía era un cuchillo, pero, era otro de esos items, como todo lo que me rodeaba que no podía entender.
Caminé unos cuantos kilometros antes que mis piernas empezaran a quejarse. En ese momento decidí que lo más sabio sería gritar, para conocer la existencia de otras personas, dentro de lo humano posible.
Grité una, dos y tres veces. Nada, no había señales de personas, como tampoco había de un final del bosque. Los arboles hechos de carbón, parecían tener un rostro y unos ojos, en sus llamas de vida. Ellos me miraban y yo desviaba su atención.
Era como si todo lo que me rodeaba, fuera parte de la misma cosa. Dado que yo debía ser el núcleo de la situación. Solo cuando realmente menos esperaba, escuche el sonido de un disparo, que me sacudió la sien, para ver el terror personificado. Yo mismo, estaba con el arma que me había matado. Cayendo los dos en un sin fin de precipicios eternos y paradójicos. Terminando en mi cama.
martes, 13 de marzo de 2012
Andrea de Flor de Maroñas (Viejo Verde)
Taz y el medico, nuevo en el caso, apenas si cruzaron miradas. Matías por otra parte, no le sacaba ojo de encima, tenía como un aura de corrupción concreta, era como si la respiración del medico estuviera acompasada por la excitación propia de un caso a la altura de las circunstancias. Ese era el autentico problema, el caso estaba inflado, la gente tenía terror y la televisión era demasiado amarillista. Todo el mundo hablaba del "viejo verde", cosa que ahora, les daba a ellos, la fuerza de justicia uruguaya, un lapso incluso menor de acción. Como Taz había mencionado. No podían ya simplemente balearlo sin tener que llevarse un juicio y diez mil cámaras filmando lo que habían hecho.
Caminaron por el camino de piedra roída y creada de tanto andar. Allá a lo lejos, se veía a un par de policias y un equipo de fotografos, separados por una linea de seguridad. Los periodistas centraron la mirada en el "jugador estrella". Se le tiraron arriba como buitres cerca de una cena prominente y deliciosa.
-¿Alguna declaración al respecto?- le indagó el del canal 12.
-Nada, no tengo comentarios, déjenme hacer mi trabajo, por favor- pero claro, en Uruguay, las cosas no funcionaban igual, eso le daba el doble de fama, sumaba intriga a lo que era.
El cuerpo estaba allí, tal cual Matías lo había encontrado, hasta que el medico no llegara, no había forma de moverlo, debían saber la causa o pistas, in situ. Era la unica forma de hacer un trabajo bien hecho, de las pocas cosas que a Taz le dejaban alterar de la fuerza policial. La cara de la chica, estaba alterada por la tierra, pero la imagen de terror puro y explicito, no podían borrarla. El cuerpo de ella, a medio desvestir, estaba allí, destruido, en cortes precisos. Casi cortes de medico... Taz miró de reojo a su asistente, estaba escondido bajo los lentes, sus puños temblaban. Eso podrían ser tres cosas, placer, miedo o impotencia.
-¿Qué opina Doc?- pregunto Taz para romper el hielo de forma inteligente, obligarlo a hablar presionado era una jugada maestra a la hora de sacar la verdad.
-¿Qué hay que destruir a este monstruo?, no sé que otra cosa espera que opine.
-Me refiero al cuerpo, cadaver mejor dicho- lo dijo de forma sombría, ocultando todos sus pensamientos. Matías retraso un paso de forma sabía. El encuentro de dos titanes estaba casi por armarse, se podía sentir el canal electrico entre ambas miradas.
-Fue violada sin lugar a dudas, de una forma brutal- se acomodo los lentes, perdiendo así la fuerza visual que tenía Taz en el duelo. -Debe ser sadomasoquista con un nivel de gore muy alto. Mira los cortes que lleva, la sangre le excita, no cabe la menor duda. Además, la posición del cuerpo, es alarmante, es casi como si le hubiera roto los huesos con la fuerza pelvica.
Taz contuvo el aliento, ¿realmente había dicho eso?, menudo idiota el doctor. Miró nuevamente al cadaver y anotaba mentalmente todo, sabía que esa imagen le debía atormentar para encontrar cosas que los demás no pudieran. No le importaba no dormir, ese veterano, ese hijo de puta, merecía la peor justicia y justo, él estaba para darsela. Quedo un poco alertado, pero silencio la prueba para sí mismo, le faltaban tres dedos del pie derecho. Tal vez fuera una especie de codigo, las victimas que llevaba en su cuenta (casualmente las mismas que encontraban), pero, para Taz, era un mensaje clarisimo. Quería que él supiera cuantas veces estaba fallando a la hora de justiciar un crimen. Cerro su puño con impotencia y se apronto en tanto el doctor llamaba al equipo forense, ya habían hecho la revisión, ya tenía los datos. Merecía un funeral digno y que sus padres supieran. Como responsable oficial del caso, iría personalmente, estaba acostumbrado a eso, lamentablemente.
Caminaron por el camino de piedra roída y creada de tanto andar. Allá a lo lejos, se veía a un par de policias y un equipo de fotografos, separados por una linea de seguridad. Los periodistas centraron la mirada en el "jugador estrella". Se le tiraron arriba como buitres cerca de una cena prominente y deliciosa.
-¿Alguna declaración al respecto?- le indagó el del canal 12.
-Nada, no tengo comentarios, déjenme hacer mi trabajo, por favor- pero claro, en Uruguay, las cosas no funcionaban igual, eso le daba el doble de fama, sumaba intriga a lo que era.
El cuerpo estaba allí, tal cual Matías lo había encontrado, hasta que el medico no llegara, no había forma de moverlo, debían saber la causa o pistas, in situ. Era la unica forma de hacer un trabajo bien hecho, de las pocas cosas que a Taz le dejaban alterar de la fuerza policial. La cara de la chica, estaba alterada por la tierra, pero la imagen de terror puro y explicito, no podían borrarla. El cuerpo de ella, a medio desvestir, estaba allí, destruido, en cortes precisos. Casi cortes de medico... Taz miró de reojo a su asistente, estaba escondido bajo los lentes, sus puños temblaban. Eso podrían ser tres cosas, placer, miedo o impotencia.
-¿Qué opina Doc?- pregunto Taz para romper el hielo de forma inteligente, obligarlo a hablar presionado era una jugada maestra a la hora de sacar la verdad.
-¿Qué hay que destruir a este monstruo?, no sé que otra cosa espera que opine.
-Me refiero al cuerpo, cadaver mejor dicho- lo dijo de forma sombría, ocultando todos sus pensamientos. Matías retraso un paso de forma sabía. El encuentro de dos titanes estaba casi por armarse, se podía sentir el canal electrico entre ambas miradas.
-Fue violada sin lugar a dudas, de una forma brutal- se acomodo los lentes, perdiendo así la fuerza visual que tenía Taz en el duelo. -Debe ser sadomasoquista con un nivel de gore muy alto. Mira los cortes que lleva, la sangre le excita, no cabe la menor duda. Además, la posición del cuerpo, es alarmante, es casi como si le hubiera roto los huesos con la fuerza pelvica.
Taz contuvo el aliento, ¿realmente había dicho eso?, menudo idiota el doctor. Miró nuevamente al cadaver y anotaba mentalmente todo, sabía que esa imagen le debía atormentar para encontrar cosas que los demás no pudieran. No le importaba no dormir, ese veterano, ese hijo de puta, merecía la peor justicia y justo, él estaba para darsela. Quedo un poco alertado, pero silencio la prueba para sí mismo, le faltaban tres dedos del pie derecho. Tal vez fuera una especie de codigo, las victimas que llevaba en su cuenta (casualmente las mismas que encontraban), pero, para Taz, era un mensaje clarisimo. Quería que él supiera cuantas veces estaba fallando a la hora de justiciar un crimen. Cerro su puño con impotencia y se apronto en tanto el doctor llamaba al equipo forense, ya habían hecho la revisión, ya tenía los datos. Merecía un funeral digno y que sus padres supieran. Como responsable oficial del caso, iría personalmente, estaba acostumbrado a eso, lamentablemente.
domingo, 4 de marzo de 2012
El parque Rivera (Viejo Verde)
Lanzó su cigarro y salió de la patrulla con el silencio sepulcral de la muerte en el aire, ese hedor que tanto conocía y tanto le gustaba, era el hedor del trabajo por concluir, la impotencia en su maximo exponente. Una sonrisa que pocos entenderían surgió de su rostro y miró al novato. Matías le miraba preocupado, ¿realmente estaba cuerdo?, costaba creerlo.
Se apoyo contra la patrulla y espero que apareciera el famoso "Dr". No era lo que esperaba para el trabajo, a fin de cuentas le gustaba hacer las cosas de forma individual. Solo job. Eso le había hecho una persona esencial en su país natal, ahora lamentablemente estaba para enseñar a un chico que, bien intencionado, al menos sabía distinguir el mal de cualquier forma, no tanto combatirlo.
La única persona que en este momento dependía de él, estaba al otro lado de la ciudad, tomando un Whisky y pensando en drogarse. Taz, le mantenía la droga a cambio de información que a él, poco le costaba conseguir. Nyeri, así le decían, así le llamaba el oficial. La paga era buena y justa, sobretodo oportuna y puntual. Siempre llegaba en el momento justo con una gran confiscación de merca (nombre para la cocaina en ese país). Una buena dosis, hacía que cualquiera se olvidara de lo que pensaba en ese momento.
Estaba esperando esa llamada, mientras esperaba al doctor, todo era una puta espera. Estaba molesto, el chaval había dejado escapar a un criminal en potencia delante suyo, ¿cómo era eso posible?, se suponía que era un anciano, no podría haber actuado allí, a metros del novato sin que se percatara. Taz además del hedor a muerte, sentía un olor particular, corrupción, el unico que hacía retroceder a un zorrillo, era realmente apestoso. El viejo verde, tenía gente dentro del sistema judicial Uruguayo, no cabía la menor duda. No podía haber huido de un niño que no llegaba a los veinte años con su estado fisico.
En eso sonó el celular del oficial americano que sonrió al ver en el captor de quien se trataba. El maldito invento de la llamada internacional le pasaba factura nuevamente. Le hizo un gesto a su compañero de que se mantuviera en silencio, sacó su arma y la destrabo, para sorpresa del novato que con platos oculares admiraba todo.
-¿Qué quieres Alice?- indagó Taz con voz agría en un ingles fluido y bien pronunciado.
-¿Cómo?, tú debes responderme como lo que soy, tu ex mujer mierda.
-Lo que digas, ¿qué deseas ex mujer?
-Noemi, me ha preguntado por tí esta tarde- Noemi, era la hija de Taz, el autentico sueño humedo de los adolescentes pre-sexuales de su colegio. La unica persona porque la que Taz dejaba su mundo de mierda. -Me ha preguntado cuando es que puede ir para allí.
En eso, sonó un disparo, tan cerca que aturdió a Matías. Miró sorprendido a su compañero que aun tenía el arma en el aire y con una sonrisa muy lejos de la cordura. El segundo disparó le obligo a soltar un insulto en voz alta. ¿Qué carajo estaba haciendo?
-Oye, Alice. Esto esta jodido, ¿puedes llamarme luego?
-¿Estas en el medio de un tiroteo hablando conmigo?
-Pues... -miro a su compañero de reojo y le guiño un ojo- sí.
-Vale, suerte- termino la ex mujer con voz preocupada.
-¿Que estas haciendo?, boludo, casi me dejas sordo- dijo Matías una vez hubo bajado el celular.
Taz le hizo un gesto con el indice y miró el parque desprovisto de toda pasión. No era un lugar feo, tampoco era uno donde tener sexo, como se tenía, fuera algo tan placentero. En fin, la gente precisaba del sexo como el drogadicto la droga. Punto. Comenzó a discar un numero de su celular en silencio y aprontó su tarea de profesional experimentado.
-¿Hola?- preguntó una persona con la voz grave y fuerte.
-Hola Sam, te habla Ruperstin- lo dijo farfullando es profeso para evitar que su compañero le escuchara el nombre codigo.
-¿Qué pasa Ñery?- preguntó el fuerte con confianza asumida.
-¿Qué tienes para mí, Sam?
-Hay mucha gente preguntando por acá y por allá sobre el último disturbio en el clasico- Clasico de futbol, Peñarol contra Nacional- el que tú has causado claro.
-De eso no hay nada en la televisión.
-Porque no es algo que se quiera hablar, tene cuidado Ñery, se andan preguntando como un norteamericano llegó a esas instancias de VIP, ¿sacas?
-Sí, ¿sobre el verde tienes algo?
-Nadie sabe nada de él, es lo que se llama, una sombra.
-Sí... Seguro, una sombra- dijo Taz de forma sombría mirando el Chevrolet Astra de color turquesa que llegaba y estacionaba al lado de la patrulla. -Oye, debo colgar, ¿sabes?, ha llegado el doc.
-Pfffff... Suerte entonces, no te olvides de traerme eso amista.
-Tú tranquilo yo nervioso- contesto Taz cortando la llamada y mirando al anciano con mirada cristalina que salía del coche con cara de funeral.
Se apoyo contra la patrulla y espero que apareciera el famoso "Dr". No era lo que esperaba para el trabajo, a fin de cuentas le gustaba hacer las cosas de forma individual. Solo job. Eso le había hecho una persona esencial en su país natal, ahora lamentablemente estaba para enseñar a un chico que, bien intencionado, al menos sabía distinguir el mal de cualquier forma, no tanto combatirlo.
La única persona que en este momento dependía de él, estaba al otro lado de la ciudad, tomando un Whisky y pensando en drogarse. Taz, le mantenía la droga a cambio de información que a él, poco le costaba conseguir. Nyeri, así le decían, así le llamaba el oficial. La paga era buena y justa, sobretodo oportuna y puntual. Siempre llegaba en el momento justo con una gran confiscación de merca (nombre para la cocaina en ese país). Una buena dosis, hacía que cualquiera se olvidara de lo que pensaba en ese momento.
Estaba esperando esa llamada, mientras esperaba al doctor, todo era una puta espera. Estaba molesto, el chaval había dejado escapar a un criminal en potencia delante suyo, ¿cómo era eso posible?, se suponía que era un anciano, no podría haber actuado allí, a metros del novato sin que se percatara. Taz además del hedor a muerte, sentía un olor particular, corrupción, el unico que hacía retroceder a un zorrillo, era realmente apestoso. El viejo verde, tenía gente dentro del sistema judicial Uruguayo, no cabía la menor duda. No podía haber huido de un niño que no llegaba a los veinte años con su estado fisico.
En eso sonó el celular del oficial americano que sonrió al ver en el captor de quien se trataba. El maldito invento de la llamada internacional le pasaba factura nuevamente. Le hizo un gesto a su compañero de que se mantuviera en silencio, sacó su arma y la destrabo, para sorpresa del novato que con platos oculares admiraba todo.
-¿Qué quieres Alice?- indagó Taz con voz agría en un ingles fluido y bien pronunciado.
-¿Cómo?, tú debes responderme como lo que soy, tu ex mujer mierda.
-Lo que digas, ¿qué deseas ex mujer?
-Noemi, me ha preguntado por tí esta tarde- Noemi, era la hija de Taz, el autentico sueño humedo de los adolescentes pre-sexuales de su colegio. La unica persona porque la que Taz dejaba su mundo de mierda. -Me ha preguntado cuando es que puede ir para allí.
En eso, sonó un disparo, tan cerca que aturdió a Matías. Miró sorprendido a su compañero que aun tenía el arma en el aire y con una sonrisa muy lejos de la cordura. El segundo disparó le obligo a soltar un insulto en voz alta. ¿Qué carajo estaba haciendo?
-Oye, Alice. Esto esta jodido, ¿puedes llamarme luego?
-¿Estas en el medio de un tiroteo hablando conmigo?
-Pues... -miro a su compañero de reojo y le guiño un ojo- sí.
-Vale, suerte- termino la ex mujer con voz preocupada.
-¿Que estas haciendo?, boludo, casi me dejas sordo- dijo Matías una vez hubo bajado el celular.
Taz le hizo un gesto con el indice y miró el parque desprovisto de toda pasión. No era un lugar feo, tampoco era uno donde tener sexo, como se tenía, fuera algo tan placentero. En fin, la gente precisaba del sexo como el drogadicto la droga. Punto. Comenzó a discar un numero de su celular en silencio y aprontó su tarea de profesional experimentado.
-¿Hola?- preguntó una persona con la voz grave y fuerte.
-Hola Sam, te habla Ruperstin- lo dijo farfullando es profeso para evitar que su compañero le escuchara el nombre codigo.
-¿Qué pasa Ñery?- preguntó el fuerte con confianza asumida.
-¿Qué tienes para mí, Sam?
-Hay mucha gente preguntando por acá y por allá sobre el último disturbio en el clasico- Clasico de futbol, Peñarol contra Nacional- el que tú has causado claro.
-De eso no hay nada en la televisión.
-Porque no es algo que se quiera hablar, tene cuidado Ñery, se andan preguntando como un norteamericano llegó a esas instancias de VIP, ¿sacas?
-Sí, ¿sobre el verde tienes algo?
-Nadie sabe nada de él, es lo que se llama, una sombra.
-Sí... Seguro, una sombra- dijo Taz de forma sombría mirando el Chevrolet Astra de color turquesa que llegaba y estacionaba al lado de la patrulla. -Oye, debo colgar, ¿sabes?, ha llegado el doc.
-Pfffff... Suerte entonces, no te olvides de traerme eso amista.
-Tú tranquilo yo nervioso- contesto Taz cortando la llamada y mirando al anciano con mirada cristalina que salía del coche con cara de funeral.
miércoles, 22 de febrero de 2012
El Viejo Verde (Viejo Verde)
Se encontraba lejos de ese lugar, perdido en un tiempo pagano, en una batalla épica de la edad media. Ese era el lugar donde le gustaba estar. Era donde se creía, alguien o sí mismo. Esa era la parte interesante de ser quien era, no lo tenía del todo claro. ¿Cómo alguien con semejante nivel de violencia en su vida, podía tener una afición tan tonta?
No oía su alrededor, es que la verdad tampoco tenía sentido oírlo. Desde que estaba en Uruguay, su vida, había sido un mártir de pocas palabras. Le odiaban, era una persona con fama en una potencia mundial. No la fama que todos quisieran tener, evidentemente estaban alimentados por el proyecto policíaco de EEUU, lugar, de donde él provenía. Ser policía, no incluía ninguna de las cosas comunes de un oficial en una película. Nunca era tan fácil pegar cuatro gritos y que te respetaran. Venía de la mano con una actitud, un estandarte y una firmeza que, lamentablemente, no se encontraban en el país sur de América.
Se despertó de la batalla que miraba, que no era de acero, era de filosofia, de música, una batalla cultural, como a él le gustaban. Esas batallas donde, ni bien una buena habilidad pugilista era más que aceptada, pero como parte de un deporte, no como cosa cotidiana. Se despertó, alguien golpeaba la puerta de su casa. Avanzó furioso sobre el cuarto diminuto de la pensión que alquilaba en 18 de Julio. Al abrir, se llevo una sorpresa, su compañero, Matías algo... Nunca recordaba cual era su apellido en realidad, mierda.
-Debes dejar de hacer tus cosas de vudús y boludeces extras. Te dicen Taz, ¿no?, un demonio de Tazmania- dijo Matías simulando un puñetazo de boxeador experimentado.
-Ya te dije niño- contestó Taz mirando al chico moreno de cabello corto y mirada tierna. -No me gusta que me molesten mientras estoy haciendo mi MANTRA, ¿comprendes?- puso el acento americano como mejor le salía, pero el mejor latino le salio en la palabra secreta, la que Matías tenía que aprender.
-Lo que sea. El viejo verde ha vuelto a las andanzas- se limitó a decir Matías con voz cansina, sus ojeras demostraban que había pasado toda la noche sin dormir, vigliando. Esto no es bueno, pensó Taz sacando un cigarro Coronado de su cajilla en el bolsillo.
-Delante de tus narices, ¿eh?
-Delante de mis narices. Cuando llegué ya todo estaba hecho. Ella me pidio un papel, donde anoto todo- metio una mano en su bolsillo para sacarlo, esto no le sorprendio a Taz, tanto como él hecho de que la voz del "niño" a su mando, temblara.
Sacó el papel con un sismo de convulsiones activas e incontrolables. Su semblante estaba partido en ojos vidriosos demostrando, un alma en llamas. Había fallado en su primer misión encomendada, Taz, ni bien tendría en cuenta este hecho para cosas futuras, tampoco lo iba a carnear por ello. Era un caso muy dificil, tal vez más, de lo que esperaba.
El mayor al mando, dejo que su calva afeitada brillara bajo la luz del sol cansino de abril. Miro de reojo lo que decía la nota y dejo su rostro en estado inescrutable. "Me llamo Andrea sy d flor d maroñas, teng 19 años". Su corazón palpito con furia, era la unica persona identificada. Gracias a Matías también, que seguramente escucho y escruto el Parque Rivera, para poder encontrar la situación a medio hacerse. El viejo verde, le habían apodado, porque una persona aseguraba haber visto a un anciano, de unos 70 años, saliendo del lugar de los hechos, casi que infraganti.
Debería estar tras las rejas, ese, el idiota que lo vio y no lo detuvo. "Pero, siempre se acostumbra a tener sexo por dinero aquí, capaz que era un cliente más" había dicho. Menudo idiota. Sí, sin dudas merecía pena de muerte por eso. Aunque fuera verdad, ahora ya se comprobaba su error. Taz, pensó que sería bueno hacerle una visita al negligente, al menos para asegurarse que no durmiera por unos días.
Así de desinteresado era el ser humano, así, hasta el punto de tener una pista certera y solo recordar la edad, ni siquiera el coche en el cual se fue. La pregunta crucial que restaba decir era otra completamente diferente.
-¿Lo has visto?- indagó el oficial con su mascara de calma incrustada en sus facciones.
-No, ni ahí. Ya no estaba cuando llegué. Andrea no duro mucho más desde que yo llegué hasta que murió.
Mierda. Taz estaba en este momento, en ese termino tan bien conocido en EEUU, por tantas canciones de rap político que se escuchaban por callejones perdidos en el mapa. "Overwhelmed". Así, estaba el sistema policial uruguayo ante esta situación. No tenían nada que hacer, estaban sobre poblados de crímenes y el primer asesino en serie de la historia oriental, aparecia justo con el nuevo "jugador estrella".
Sin mediar palabra alguna de despedida o de espera. Cerró la puerta de su cuarto y con los puños cerrados abrio el armario. Miró su ropa policial, había traido bastantes cosas, al menos le habían dejado pasar más de las que esperaba. En su país tuvo muchos más problemas que en el actual, por ciertos items de utilidad extrema. Se guardo en sus bolsillos sus dos puños americanos de plata. Coloco su Glock 40 automatica en su cartuchera, cargada, por supuesto. Se puso su ropa, con minucioso cuidado, eso sí, era un maldito demonio, pero su ropa y su pulcridad, eran incuestionables. Sus ojos café, reflejaron la mirada de alguien agotado de la mierda vital del día a día. Sonrió de forma agria, mostrando las grietas de la edad, de sus 38 años plantados en un reflejo supuesto de lo real y salió.
Matías le estaba esperando fuera de la pensión, apoyado en el coche, que gracias a dios, podían permitirse. Un nissan sentra, un modelo viejo, pero con algunas modificaciones que lo hacían infalible en la batalla. Lo bueno de EEUU, se recordaba siempre, era que allí, no reparaban en gastos para la fuerza. Apenas si hacían recortes. En Uruguay, había recortes hasta en el personal, lo cual era una falta grave a la seguridad de la polis montevideana. Pero, como decía Busta Rhymes en una de sus mejores canciones o más famosas. "Say we did it". Así, era como Taz pensaba.
Cogió su ultimo coraje y salió para afuera, a un mundo nuevo. Donde la intriga dominaría su paz anterior, donde sería el depredador que acostumbraba. Donde la Tolerancia Zero era su legado. La chica, Andrea, tenía la misma edad que su hija, no, no podía dejar que saliera a luz ese criminal, siendo un gigante de novelas locales. Ni de cerca, le rompería la mandibula antes que pudiera hablar. Saldría de caza.
No oía su alrededor, es que la verdad tampoco tenía sentido oírlo. Desde que estaba en Uruguay, su vida, había sido un mártir de pocas palabras. Le odiaban, era una persona con fama en una potencia mundial. No la fama que todos quisieran tener, evidentemente estaban alimentados por el proyecto policíaco de EEUU, lugar, de donde él provenía. Ser policía, no incluía ninguna de las cosas comunes de un oficial en una película. Nunca era tan fácil pegar cuatro gritos y que te respetaran. Venía de la mano con una actitud, un estandarte y una firmeza que, lamentablemente, no se encontraban en el país sur de América.
Se despertó de la batalla que miraba, que no era de acero, era de filosofia, de música, una batalla cultural, como a él le gustaban. Esas batallas donde, ni bien una buena habilidad pugilista era más que aceptada, pero como parte de un deporte, no como cosa cotidiana. Se despertó, alguien golpeaba la puerta de su casa. Avanzó furioso sobre el cuarto diminuto de la pensión que alquilaba en 18 de Julio. Al abrir, se llevo una sorpresa, su compañero, Matías algo... Nunca recordaba cual era su apellido en realidad, mierda.
-Debes dejar de hacer tus cosas de vudús y boludeces extras. Te dicen Taz, ¿no?, un demonio de Tazmania- dijo Matías simulando un puñetazo de boxeador experimentado.
-Ya te dije niño- contestó Taz mirando al chico moreno de cabello corto y mirada tierna. -No me gusta que me molesten mientras estoy haciendo mi MANTRA, ¿comprendes?- puso el acento americano como mejor le salía, pero el mejor latino le salio en la palabra secreta, la que Matías tenía que aprender.
-Lo que sea. El viejo verde ha vuelto a las andanzas- se limitó a decir Matías con voz cansina, sus ojeras demostraban que había pasado toda la noche sin dormir, vigliando. Esto no es bueno, pensó Taz sacando un cigarro Coronado de su cajilla en el bolsillo.
-Delante de tus narices, ¿eh?
-Delante de mis narices. Cuando llegué ya todo estaba hecho. Ella me pidio un papel, donde anoto todo- metio una mano en su bolsillo para sacarlo, esto no le sorprendio a Taz, tanto como él hecho de que la voz del "niño" a su mando, temblara.
Sacó el papel con un sismo de convulsiones activas e incontrolables. Su semblante estaba partido en ojos vidriosos demostrando, un alma en llamas. Había fallado en su primer misión encomendada, Taz, ni bien tendría en cuenta este hecho para cosas futuras, tampoco lo iba a carnear por ello. Era un caso muy dificil, tal vez más, de lo que esperaba.
El mayor al mando, dejo que su calva afeitada brillara bajo la luz del sol cansino de abril. Miro de reojo lo que decía la nota y dejo su rostro en estado inescrutable. "Me llamo Andrea sy d flor d maroñas, teng 19 años". Su corazón palpito con furia, era la unica persona identificada. Gracias a Matías también, que seguramente escucho y escruto el Parque Rivera, para poder encontrar la situación a medio hacerse. El viejo verde, le habían apodado, porque una persona aseguraba haber visto a un anciano, de unos 70 años, saliendo del lugar de los hechos, casi que infraganti.
Debería estar tras las rejas, ese, el idiota que lo vio y no lo detuvo. "Pero, siempre se acostumbra a tener sexo por dinero aquí, capaz que era un cliente más" había dicho. Menudo idiota. Sí, sin dudas merecía pena de muerte por eso. Aunque fuera verdad, ahora ya se comprobaba su error. Taz, pensó que sería bueno hacerle una visita al negligente, al menos para asegurarse que no durmiera por unos días.
Así de desinteresado era el ser humano, así, hasta el punto de tener una pista certera y solo recordar la edad, ni siquiera el coche en el cual se fue. La pregunta crucial que restaba decir era otra completamente diferente.
-¿Lo has visto?- indagó el oficial con su mascara de calma incrustada en sus facciones.
-No, ni ahí. Ya no estaba cuando llegué. Andrea no duro mucho más desde que yo llegué hasta que murió.
Mierda. Taz estaba en este momento, en ese termino tan bien conocido en EEUU, por tantas canciones de rap político que se escuchaban por callejones perdidos en el mapa. "Overwhelmed". Así, estaba el sistema policial uruguayo ante esta situación. No tenían nada que hacer, estaban sobre poblados de crímenes y el primer asesino en serie de la historia oriental, aparecia justo con el nuevo "jugador estrella".
Sin mediar palabra alguna de despedida o de espera. Cerró la puerta de su cuarto y con los puños cerrados abrio el armario. Miró su ropa policial, había traido bastantes cosas, al menos le habían dejado pasar más de las que esperaba. En su país tuvo muchos más problemas que en el actual, por ciertos items de utilidad extrema. Se guardo en sus bolsillos sus dos puños americanos de plata. Coloco su Glock 40 automatica en su cartuchera, cargada, por supuesto. Se puso su ropa, con minucioso cuidado, eso sí, era un maldito demonio, pero su ropa y su pulcridad, eran incuestionables. Sus ojos café, reflejaron la mirada de alguien agotado de la mierda vital del día a día. Sonrió de forma agria, mostrando las grietas de la edad, de sus 38 años plantados en un reflejo supuesto de lo real y salió.
Matías le estaba esperando fuera de la pensión, apoyado en el coche, que gracias a dios, podían permitirse. Un nissan sentra, un modelo viejo, pero con algunas modificaciones que lo hacían infalible en la batalla. Lo bueno de EEUU, se recordaba siempre, era que allí, no reparaban en gastos para la fuerza. Apenas si hacían recortes. En Uruguay, había recortes hasta en el personal, lo cual era una falta grave a la seguridad de la polis montevideana. Pero, como decía Busta Rhymes en una de sus mejores canciones o más famosas. "Say we did it". Así, era como Taz pensaba.
Cogió su ultimo coraje y salió para afuera, a un mundo nuevo. Donde la intriga dominaría su paz anterior, donde sería el depredador que acostumbraba. Donde la Tolerancia Zero era su legado. La chica, Andrea, tenía la misma edad que su hija, no, no podía dejar que saliera a luz ese criminal, siendo un gigante de novelas locales. Ni de cerca, le rompería la mandibula antes que pudiera hablar. Saldría de caza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)