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jueves, 19 de julio de 2012

El ataque a la emergencia (Día-Z)

El viento nos sacudía rápido por la entrada de Camino Maldonado, la cantidad de autos destrozados en medio de la carretera hacía que nos preguntáramos como les estaría yendo a los que iban en auto, yendo en moto teníamos esa única ventaja de poder esquivar coches con mayor facilidad y gracilidad. Queríamos hacer todo enseguida, el aire putrefacto y denso, cargado de humedad sangrienta nos tenía ya muy agotados, nos recordaba la huida desesperada que habíamos tenido en pos de un futuro que ahora estaba más inseguro que nunca, no veíamos un signo de vida delante. Tal vez aquella fortificación que dejamos atrás para traerle suplementos que nos harían durar más.

Pero lo único que nos preocupaba era el hecho que los zombies continuaran allí, deshidratados y destruidos por la falta de comida, pero estaban allí, eran más lentos que antes aunque continuaban siendo un peligro en masas mayores. Parecían ser una versión reducida de lo que se creía al principio que podria haber sido, ahora al mirarlos me daba cuenta, aun contaban con un monton de sus facciones humanas impregnadas en sus cuerpos putrefactos. En un virus avanzado y de buena calidad se hubieran convertido en monstruos, era esto acaso, ¿una especie de beta?

Muchas preguntas que me plantee en todo el camino hasta la Medica Uruguaya, era el lugar a preferir para la elección, allí habría medicación para cuidar a nuestros enfermos y además la ventaja de algunos alimentos que aunque no fueran de primera calidad, cumplian su labor y además, eran muchos. Esas pequeñas cosas nos hicieron encaminarnos a uno de los lugares más poblados de la ciudad, donde seguramente hubiera más de esas criaturas en la vuelta, bajo la seguridad que entrariamos y saldriamos llenos de provisiones para sobrevivir un largo tiempo.

Dejo la moto estacionada en el lado de la emergencia, impenetrable para esas criaturas, nos daría la ventaja de un escape. Seguía yo preocupado porque no veía a nadie que alentara tener una vida y no hacía tanto tiempo que nos habiamos ido, unos meses y nada más. Unos meses... ¿Ese había sido el tiempo que le había llevado a la humanidad a perecer? Mierda.

Saque la Glock de la cartuchera y la deje en mi mano, era lo más prudente ante esta situación porque no estaba seguro que habría detras de la puerta número uno. Hacer silencio, decían que era lo más prudente, en un caso de vida o muerte, el silencio es la ultima de tus preocupaciones; Es más... Prefieres el sonido porque te asegura que aun sigues vivo.

Lukz dejó oculto el vehiculo y yo pensaba en muchas cosas, sobre todo en el hecho que una vez decidí que el ruido era valido, recordaba que la moto había entrado dentro de un espacio cerrado que ocasionaba eco en todas partes. Todas las bestias vendrian hacía nosotros, las de dentro del edificio seguro.

Recuerdo que el sonido del silencio me hablaba en voces paranoicas que rondaban mi cabeza y me amenazaban de muerte, el olor a carroña que nos rompía las narices. La reacción de Lukz, superior a la mia, tomando su rifle Remington con mira firmemente y sin gritar, el aire era denso y nuestros pasos estaban perdiendo fuerza. La voluntad de nuestra supervivencia era lo que nos quedaba.

Los habíamos llevado a todos a nuestra muerte, cientos de esas criaturas estaban bajando la calle principal de entrada al garage y nuestra unica chance de sobrevivir sería atrincherarnos dentro de la emergencia, teniendo en cuenta que habría otro centenar más dentro. Tragué saliva y toque mi espalda, donde mi escopeta recortada esperaba ansiosa que la usara por una vez.

Habíamos practicado con algunos animales muertos, era mejor conocer la sensación de estar disparando a carne que a un trozo de papel... Estaba al lado de la entrada de la emergencia junto con Lukz que cada tanto disparaba a alguna cabeza, sacandome la conciencia unos segundos.  El rostro de Agus danzaba en mi cabeza, recordaba su cuerpo y su dibujo en la sombra de la noche en mi cama, mi velocidad fue mayor y entré como una exhalación, rezando que tuvieramos una forma de escapar, ya podriamos coger otro vehiculo para nuestra huida.

La respiración se me cortó al ver que no eramos los unicos allí, dos personas me miraron, con su mirada perdida y putrefacta en el asco de la vida que viviamos.

-¡Sal de nuestro rango de tiro imbecil!- me gritaron y agarré a Lukz para llevarmelo hacia la entrada a la puerta numero uno, la que tanto temía.

Antes de poder reaccionar ya había gastado las dos balas de la escopeta y estaba cubierto de la sangre de las tres criaturas que había, era un salón frio con un color gricaseo que se caía en el moho. Era nuestra mejor oportunidad o al menos era si la mia.

-Lukz, vas a tener que posicionarte junto a los nuevos... Yo desde acá con la escopeta a poco rango de distancia tengo más oportunidad de llevarme a algunos.
-¿Estas pensando en combatir?...
-Sí.
-Bueno... No era mi idea de entrada a la emergencia pero precisamos acción- contesto y enseguida se hecho un trote corto para ocupar su posición.

Dentro del cuarto, solo. Mi claustrofobia aumentaba cada vez más, podia sentir el eco de mi respiración, mi presión que explotaba en mi cuello amenazando con sacarmelo. Todo se volvió oscuro en mi memoria, una parte de mi realmente deseaba reprimir lo que ibamos a hacer. Con una imagen fotografica el primer zombie coloco su pie en mi rango de disparo, estaban esperando mi aviso, mi acción, "The initiator".

Disparé cuando vi dos pares más de pies, las dos balas arrancaron de cuajo la mitad del cuerpo de las bestias y rapidamente todo se lleno de gritos y polvora. Era como en un videojuego, las oleadas llegaban una tras otra y los insultos eran una cosa común; Salvando que acá nuestra vida estaba en juego y nuestros insultos eran de odio autentico ante cualquier error que pudieramos tener.

El bolso lo tenia Lukz, así que me quede sin balas casi enseguida, los tres cargadores de la Glock y las dieciocho balas de la escopeta se esfumaron en la primera oleada. Esta vez un frio sudor recorrió toda mi espalda y sacudió lo que quedaba de humanidad dentro mio, tendría que pasar por esa puerta, no importaba como y llegar a las balas.

Antes que pudiera pensar en una forma de hacerlo, una luz de iluminación barata se mostró. Dos cajas de balas que salieron directo a la puerta reventandola en un sonido sordo. Lukz al rescate... Sonreí.

Mientras cargaba las balas dentro de los cargadores de la Glock escuchaba los gritos y la cantidad de cuerpos que había en el suelo, creando una pequeña montaña que nos servia como muro de contención... El olor era insoportable, extrañaba mucho fumar por el simple hecho de no tener que sentir nada de esto, el primer zombie se asomó a la puerta viendo el flanco libre para atacarme, veía a traves del vidrio como intentaba pentetrar en la entrada.

Nuevamente una oleada de gritos, de porque la criatura estaba allí, ¿como era posible esto?, le meti un puñetazo y empecé forcejear con mi vida para mantener la puerta cerrada, mientras las cabezas de las criaturas salian despedidas en jugos grises de sus propios cerebros destruidos. El pandemonio estaba desatado y quedaba el otro centenar que vendría por la espalda.

Todo oscureció en mi mente mientras girabamos nuestras caderas prontos para la siguiente oleada, la ultima oleada, la que llegaba desde dentro de nuestros corazones.

lunes, 9 de julio de 2012

La primer expedición (Día-Z)

Había llegado el momento crucial y estábamos prontos para afrontar cualquier cosa que tuviéramos en nuestro camino, tantos meses de preparación tenia que llevarnos a algún lugar, esa era la idea. Los recursos en algún momento se iban a acabar y nosotros debíamos buscar más, nosotros, los que eramos capaces de hacer algo, porque nunca faltan los que aprovechan estas glorias que se pueden llegar a escribir con su sangre, ya que toda acción tiene un sacrificio global, tanto para el que mira que usa su memoria como para el que hace que gasta su esfuerzo.

Lo más prudente era volver a la capital, allí, encerrados en ese salón comunal que había sido una preciosa parrillada para los bienaventurados turistas de ruta, se tomaban las decisiones desde nuestra llegada. Pocas noticias nos llegaban desde lo más lejos de la ciudad, esas tampoco eran alentadoras. Todo estaba muy mal, todo estaba muy mal.

Yo sonreía mientras jugaba con el hielo de mi vino, había dejado el cigarro, ya se volvería un bien digno de lucha y yo no quería luchar por algo que hacía mucho tiempo podría haber elegido no hacerlo. Sonreía porque en una época creía que podía cambiar el mundo, que yo sería un referente de cambio en alguien. Mirando la situación que se me mostraba, me daba cuenta que era obra de mi ego, que ese era mi ego... Lo cual no quiere decir que tenga que ser el ego de otros.

Algunos ya habían fallecido y nuestro mayor temor se había confirmado; Se convertían en zombies no importaba la forma en la que murieran, incluso siendo está de forma natural. Últimamente me parecía todo divertido, aunque nadie entendía el porqué y mucho menos me acompañaba, todos los ojos estaban clavados en mi sonrisa tonta y perdida mientras terminaba de degustar el décimo vaso de vino tinto.

-A mi me parece...- comencé con gran dificultad verbal. -que deberíamos dividirnos, no hacerlo de forma multitudinaria, debemos dividir el esfuerzo y también las posibilidades que nos encuentren. Vehículos sobran, grupos de cuatro personas para los autos y dos personas para las motos.

La gente me miraba de forma extraña, seguramente seguros de que eso ya se había dicho, que era cierto. Aunque la división numérica fuera una idea propia mía. Yo hablaba de usar todos los vehículos de la zona, mientras que ellos querían usar unos pocos, los que fueran capaces de ir, cosa que tampoco estaba en discusión. Yo solo prefería hacerlo más accesible y recordar que esa comida que recogeríamos, sería la comida que ellos comerían mañana.

La gente no quedo muy de acuerdo pero tampoco me importó mucho, cuando se termino la reunión la lucha de egos entre los más poderosos y los que creían ser los más poderosos continuaba. Los que eran capaces de tomar las decisiones ya iban directo a los vehículos y los que no, recordaban ese olor a humo asado, como el de la carne quemándose, que eran los cadáveres de los muertos dejados en la ciudad. Evitando así que se pudriera el pueblo.

-Parece que es una misión- dijo Lukz aprontando la moto, pequeños ajustes y pruebas para asegurarse que todo estuviera en orden.
-Caliente caliente detective- le respondí y me apoye contra la pared de su garaje a la espera que estuviéramos prontos para partir.

lunes, 4 de junio de 2012

El yermo que somos nosotros


Andaba sobre la punta de sus pies, le intrigaba realmente que estaban haciendo allí, en ese sótano. El hogar era cálido a pesar de tener las paredes podridas en la humedad y el oxido, pero; ¿qué casa no estaba así por ese entonces?


Sus bocanadas de aire eran sordas y sus pisadas eran invisibles, avanzaba tan lento que hasta podría imaginar la reacción de la familia Smith si le encontraban allí, a hurtadillas por robar esa llave.


Llegó al dormitorio y agudizó sus sentidos, su propio instinto animal le guiaba para llegar al lado del caballero de camisa roja con vaqueros gastados, ese, que tenía la puta llave.


Lo cierto es, tampoco era la primera vez que hacía eso. Se había vuelto un aficionado muy fuerte a la hora de mencionar el acto de desplumar a alguien, no porque fuera una pasión o su trabajo, lo hacía cuando era simplemente obligatorio, cuando fuera algo de demasiado valor y muy difícil de conseguir.


Una vez con la llave en la mano el resto del camino se torno lento y ansioso, hasta que no pusiera la llave en el sótano no iba a estar tranquilo, esa tranquilidad era obligatoria para él, para su calma personal y para sus próximos sueños perdidos en el anhelo de un futuro posible.


La llave entro casi con vaselina, como si hubiera estado lubricada la cerradura, la giro y el leve "clic" le indico que ya era hora de ponerse en marcha para poder entrar al sitio de la intriga. Cogió una bocanada de aire y encendió su chesquero para hacer un leve haz de luz, la humedad de las paredes le causaban claustrofobia, era un camino angosto y de textura áspera.


Un olor salado se hundió en su nariz a unos escalones de llegar, un olor cálido, reciente podría llegar a decir. Se le hacía tan familiar, tampoco es que fuera un santo, estaba acostumbrado a todo tipo de cosas al caminar por el desierto de lo que era ahora el planeta. Aun así, sintió un leve sudor frío recorriéndole las entrañas de su propio ser, dentro de su corazón, sentía que las cosas no iban bien.


Cuando llegó al nivel del suelo, vio unas camillas muy mal iluminadas, el olor era más fuerte con cada paso que daba, independientemente de ya haber llegado a destino. Se tomo la nariz, era un olor espeso y casi metálico que rodeaba todo. La mala espina del "carroñero" aumentó de tamaño cuando vio un trozo de remera destrozada en el suelo. Capaz que es una mascota, algo que quieran ocultar de los vecinos, son demasiado gentiles y a fin de cuentas todos tenemos un muerto en el placard pensó. Su curiosidad y su determinación de la bondad y la maldad, duró hasta que movió la primera sabana que tuvo al alcance.


Su rostro palideció, él no era un santo, pero esto era demasiado fuerte, incluso para una persona empapada de realidad. Era una persona, mutilada brutalmente, con cortes precisos y las entrañas e intestinos tirados sobre la mesa. Le sorprendió la calidez de la mirada de esta persona ya muerta, lo que le anunciaba que el asesinato era reciente, eran cortes meticulosos, profesionales, a modo de no desperdiciar... ¿qué? Barrió la sala con la mirada y quedó frenado en una heladera de color plata que se encontraba allí. Este instrumento argento portaba dentro, sin lugar a dudas lo que quedaba de esta persona.


Sus piernas reaccionaron más rápido que él y para cuando quiso recordar ya estaba en la sala común, haciendo un barullo considerable. ¿Qué importaba? Pensó furioso por su estúpida curiosidad que nunca tenía un resultado bueno, que siempre llevaba a cosas así, sucesos evitables.


Al abrir la puerta, se encontró con algo que lo dejo aun más frío que lo que había visto abajo. La familia Smith en su totalidad, excepto el hijo menor estaba allí, mirándole con sus armas empuñadas. ¿Cuánto tiempo he demorado allí abajo? Él estaba seguro que habían sido solo unos segundos, la mala espina de su pecho aumentó ante una emboscada tan evidente. En un mundo oportunista esta familia de caníbales era más despiadada de lo permitido, eran el infierno real dentro del relato urbano y poco fiable del vecino. Él pasó de ser, el "carroñero" al "justiciero" y sonrió debajo de su gorra de pescador.


-Supongo que ya tenemos cena para esta noche- se limito a decir el señor Smith con su sonrisa de depredador.

lunes, 28 de mayo de 2012

La hora de reposo (Día-Z)

Hacía ya muchas horas que no veíamos ninguna de esas criaturas, llegamos a un pueblo perdido del país, sea esta nuestra unica esperanza contra este mal. El pueblo contaba con apenas unos ciento cincuenta habitantes y muchos habían huido hacía la capital para encontrar a sus seres queridos. Pobres ilusos pensé de forma melancólica.

Yo me hallaba en la cama, junto a ella que posaba desnuda para mí entre ronquidos y demás. Yo no podía dormir y no creía en ese momento que pudiera volver a hacerlo en la vida. Tenía que tomar una decisión que fuera lo más sabia posible o al menos lo suficiente para llevar adelante al pequeño grupo que eramos. Estaba en una pequeña casa de un pueblo en el medio de la nada, no era para menos que mi mentalidad fuera tan utópica.

Tengo que salir a matar a una de esas criaturas... Esa era la única cosa que tenía en mente en ese momento, era la única realidad que acontecía en mi cabeza. Por primera vez en mucho tiempo contaba con la paz interna que jamás había soñado, no había un vehículo moviéndose ni un perro ladrando, no había sonidos a pasos en el pedregullo o el empujón del viento molesto en las hojas de los arboles cercanos y vencidos de cansancio por ese gesto de la naturaleza.

Todo se estaba yendo a la mierda muy rápido, de repente podíamos dormir y despertarnos con alguna de esas criaturas encima, aunque tampoco estaba seguro la verdad. Era más bien una paranoia de la vida que tenía en mi cabeza, eso no importaba.

Agarré un cigarro y camine en ropa interior por todo el suelo helado de baldosas húmedas. La canción de rockwell somebody is watching me sonaba en mi cabeza con cierta ironía, tomaba el aire de forma paulatina y mis pasos se escuchaban de forma hueca por toda la casa. Mis suegros y mis padres estaban en casas vecinas, mi viejo estaba a una cuadra y sería seguramente otro que no podría dormir en esa noche. Ansias de un porvenir que ambos teníamos en la cabeza y deseábamos cumplir.

Me senté en el escalón de entrada y me quede fumando el cigarro, mirando las estrellas de un cielo despejado con millones de cosas mejores que mirarme a mí. Yo sabía que eso era algo que yo debía tener grabado en mi cabeza, como algo que era lo real, esas estrellas y ese cielo nos daban la paz necesaria para saber que había algo mejor que el apocalipsis que íbamos a vivir. Necesitábamos recoger más provisiones porque estaban mal divididas, necesitábamos más armas y más gente que quisiera dispararlas. Yo necesitaba otra cosa.

-¿Estas bien Pela?- bingo, sentí sus brazos rodeándome y sonreí para mis adentros, levantándome para entrar a la casa y cerrando con cautela la puerta para no tener que encontrarme con una sorpresa.

jueves, 17 de mayo de 2012

La seguridad de la pradera (Día-Z)


Entramos a la cooperativa y nos bajamos enseguida del auto, no había barullo alguno pero la gente estaba preseleccionada. Éramos menos, Die y Pato se iban a encargar de hacer una compra masiva, la ultima compra de sus vidas, con las provisiones necesarias para el viaje. Miré tenso al bebe, era una verdadera locura lo aparte que estaba la cooperativa de la catástrofe. Enseguida algunos vecinos vieron en mi rostro la chispa de lo perdido, la expresión apocalíptica que me acompañaba y sintieron miedo.


Estuvimos unos cuarenta minutos luchando con mi familia y algunos amigos, “los vatos locos”. Gente que precisábamos para el camino. Mensajes corriendo y la gente aparecía enseguida allí. Al final éramos casi todos los que podía llevar el camión de Luis, donde personalmente fui a convencerlo de forma “amistosa” para tener acceso a él. Era mejor que el dueño no sé corrompiera por el transporte. Algo que; pronto sería material escaso de seguir todo avanzando a tal velocidad.


Cuando el Die y el Pato llegaron gastaron todos nuestros ahorros, no había de otra forma. Pero, no era un momento para hacer un atentado, no queríamos terminar presos cuando las criaturas estuvieran en el barrio. Saque una caja de cigarros y me encendí el primer pucho de mi nueva vida. La vida de un liderazgo que todos debíamos llevar a cabo, la vida del socialismo en su estado puro. Éramos la especie en vías de extinción y precisábamos estar juntos, solo quienes eran consciente de esto iban a ir con nosotros.


El trabajo fue arduo, pero estuvo bien hecho, todos cargamos un poco de lo nuestro para llenar el camión con lo fundamental, comida no perecedera, agua mineral, cigarros, comida para alguna mascota que íbamos a llevar, ropa de cambio (esto iba en bolsos que cada familia armaba), etc. Lentamente fueron apareciendo los familiares o amigos de casi todos, un número muy grande de personas para cargarlas en el camión teniendo en cuenta las provisiones que llevábamos. Por suerte algunos fueron inteligentes y trajeron coches, además contando también con los de la cooperativa teníamos un buen monto de vehículos para poder salir.


El hecho de estar encerrados en un espacio prudente, además; contando también con la calidez de tener gente conocida cerca hizo del sector de reunión algo irrefutable. Debía ser allí y de allí saldríamos hacia un rumbo desconocido todos juntos. Mi idea no era llevar tanta gente… Aunque tampoco podía negar a los demás que trajeran a sus seres queridos, de todas formas ya arreglaríamos ese problema en las primeras expediciones por los alrededores que daríamos. Tendríamos que ser un grupo más reducido y eso no se podía negar de ninguna forma.


Fue solo a las tres horas y media de que llegamos a la cooperativa que toda la gente se junto en el punto pactado. Alrededor de ciento veinte personas estaban allí, listas para partir al primer grito de aviso, aún faltaban pocas cosas para poder salir del todo. Por primera vez en todo el día abracé a mi novia y me quedé perdido allí, un largo y misterioso trayecto nos esperaba, debía decir algo aunque no estaba seguro de que.


-Te amo- fue todo lo que logré decir y aunque sabía la respuesta no la escuche. Mi mirada hablaba por mí, sería un largo trayecto donde tendríamos que tomar un poco de distancia por el bien de todos.


A las cuatro horas de nuestra llegada a la cooperativa, se escucharon los primeros gritos de terror, nosotros doblábamos la horquilla de Durán y la realidad volvía a nosotros. Los drogadictos de la vuelta intentaron colarse al camión pero fueron repelidos por un instinto de supervivencia aun mayor que el de una toxina, el real.


En busca de una pradera segura y solitaria partimos, algún lugar con casas más o menos cerca pero a una distancia prudente, donde sus dueños en su afán por encontrarse con familias ya perdidas en esta guerra biológica, nos “prestara” la materia prima para armar un domicilio propio que cumpliera nuestras exigencias. No servía de nada ir a lugares religiosos o superpoblados, allí íbamos a ser presa fácil, esa fue la condición que pusimos para la utopía de sobrevivir, dignarse a por lo menos seguir una orden única e intangible: “Alejarse de las zonas pobladas en primera instancia. A partir de ello podrán tomar el camino que ustedes quieran y no los detendremos”.

martes, 15 de mayo de 2012

La huida a Durán (Día-Z)

Entrar allí, fue un juego de niños. Me baje del auto casi de un salto y con el Die entramos, siendo los dos altos, además de complexión fuerte y maciza. Nadie podría resistir eso. Fue todo mucho más rápido de lo que me hubiera gustado, entré casi corriendo y con tres pasos ya estaba enfrente al vendedor. En medio de ese trote lo agarre y lo tire contra el mostrador, mis ojos mostraban desesperación autentica, sin dudas. Él no pudo ofrecer resistencia a mi expresión facial y cedió a cualquiera de nuestras exigencias. Entre gritos y golpes conseguimos bastantes cosas útiles para nuestro camino, suministros que bien nos harían falta. Con la ayuda de Die, en dos o tres bolsos (que robamos de allí mismo), llenos de munición. Agarramos las armas correctas o al menos eso creíamos, no importaba mucho tampoco. Habíamos agarrado tantas armas que tendríamos ir con ellas en nuestra falda.


Lukz se portó como un autentico conductor de un robo de banco, apenas entramos de nuevo al coche acelero como un desesperado. Siguiente parada: Lo del bebe, un amigo, además de una persona con una complexión física imponente, sin contar que nunca dudaba su gatillo, eso era otro de los motivos. Íbamos a precisar gente que no dudara.


El dialogo se hizo corto, más de lo que esperaba, el ruido de gente huyendo dio credibilidad a mi historia, él no dudo. Sus ojos cristalinos se plantaron en el coche donde íbamos a entrar muy apretados sin dudas, había demasiadas cosas y poco espacio.


-Vamos a tener que conseguir algo más grande. No vamos a poder llevar a nadie más si no Pela- me dijo Lukz y yo lo mire por el espejo retrovisor.
-Ahora tenemos que ir a la cooperativa, tengo un camión ahí en vista. Lo más seguro, ¿A dónde seria ir?- pregunte yo como cosa general.
-No sé, la verdad no tengo idea del alcance de esto- contesto Die con su voz casi susurrando mientras Lukz ponía en marcha el vehículo nuevamente.
-Lo más seguro sería ir hacia algún lugar poco poblado, ¿no?- preguntó Pato, esa sabiduría poco común que salía de él, cosas que lo hacían un tótem en el equipo, cosas por las cuales la fortuna lo había puesto con nosotros.
-Vamos a tener que salir al interior. Pero, vamos a precisar más cosas entonces- dijo el Bebe continuando la idea de todos.
-Primero vamos a preocuparnos del camión, de conseguir alguna que otra persona. Les aviso a todos- dije pausando mi voz, yo tampoco quería creer lo que iba a decir. –Vamos a tener que dejar a mucha gente atrás. Vamos a tener que hacer cosas que no nos van a gustar. Pero, no se me ocurre otra cosa que decir, afortunados nosotros que acá estamos. Para por lo del Massi antes- le dije a Lukz y me retrase para quedar en el respaldo.


Mire a Agus, ella con sus ojos café apenas cruzó un segundo la mirada conmigo. Nada más, ella no me hablo y yo tampoco. El trayecto transcurrió dentro de lo normal, extrañamente, no había mucho tráfico en la zona pobre de Montevideo dado que aun no llegaba el maldito virus. Eso nos daba una ventaja, como una desventaja. Yo había pensado en agarrar el camión por sorpresa, como el hijo de puta que debía ser. Por una vez estaba seguro que tenía una decisión por delante.


Lo cierto es que… A pesar de lo normal, el viaje transcurrió en un silencio sepulcral, con nuestras dudas planteadas. Mire a Agus varias veces, pero ella estaba enfadada por el hostile takeover que hicimos en la armería. Era el riesgo de tomar decisiones de líder sin experiencia previa, un líder de verdad que pronto debíamos decidir, iba a llevarse el crédito de las buenas y los insultos de las malas. Solo importaba una cosa… pensé por fin cuando estábamos entrando a la calle Durán, cerca de mi cooperativa. Debíamos sobrevivir, alejarnos de toda esa mierda y rezar que no fuera una prueba biológica o una especie de fumigación nuclear posterior terminara con nosotros.

lunes, 14 de mayo de 2012

Tiempos de reflexión (Día-Z)

Aún no recuerdo como comenzó todo, era una tarde fenomenal de un día de verano, disfrutaba con mis amigos y mi novia una velada estelar, el día de nuestro aniversario de novios. Tenía exactamente todo lo que una persona normal podría pedir, hasta que un infortunio desparramo las primeras gotas de terror del final de la humanidad.


Fue una suerte que supiera que era o; que mi paranoia me despertó los sentidos de un tiempo pagano, cuando jugaba a la computadora o leía cosas de ese genero. Una persona de tez platina se abalanzó encima de una mujer mayor y le sacó (literalmente) un trozo de su cuello para mostrarlo como trofeo delante de todos, la sangre coagulada de su dentadura estaba oculta en un mar negro de dudas. Un solo segundo, nada más valiente que eso.


Le tomé la mano bien fuerte a mi novia y comencé a arrastrarla dentro de la muralla de atletas contemporáneos, entre empujones e insultos avanzamos. Esquivamos muchas personas que eran devoradas por estas bestias que habían aparecido de la nada y algunos amigos, bienaventurados sean. Me pudieron seguir el paso, para lograr huir de forma cautelosa y repentina.


De repente, recordé todas las veces que hice el amor con ella, cuantas veces terminábamos en la cama, sucios e impugnados por nuestros líquidos sexuales. Pensando en un final los dos juntos de ancianos, algo que ahora parecía esfumarse. Esa fue la determinación que necesite cuando aún quedaban un par de coches estacionados en la rambla del Parque Rodo.


Me mire con Lukz (el único de mis amigos que estaba a mis espaldas en ese momento) y decidimos con una mirada de preocupación que era lo mejor. Dejé a mi novia aparte, lejos de toda esa violencia que estaba por presenciar. Vimos el Chevrolet Monza y nos subimos arriba de forma improvisada, el conductor intento defenderse. Eramos dos contra uno, lo sacamos a patadas y deje que Lukz manejara mientras tanto yo hacía las veces de copiloto de mi novia, de su corazón ahora ya perdido en el terror de tener esas criaturas detrás nuestro, se multiplicaban peor de lo imaginable. Ya habría unos cincuenta y cerca nuestro.
Allá a lo lejos, aparecieron dos amigos más, que haciendo señas delante nuestro, nos obligaron a frenar. El Pato y el die entraron casi en un susurro dentro de todo aquel barullo que Lukz dejó atrás acelerando bruscamente.


-Mierda, ¿viste eso Pela?- me preguntó el Pato con su voz nasal. Mire a través de los lentes como el terror estaba en su mirada, la virginidad que se perdió al tener contacto directo con la muerte. Yo estaba igual, solo era un reflejo de lo que veía en el espejo de mi mismo.
-¿Qué hacemos ahora?- indagó Agus entre sollozos perdidos en mi pecho.


Habían dos tipos de lideres: El bueno y el malo. El malo era ese que pensaba solo en su grupo y dejaba atrás a todos los que quisieran interponerse en el camino de su supervivencia, el bueno era el que intentaría avisar de este suceso a las autoridades y dejar que todo fluyera según su caudal natural.


-Vamos a tener que conseguir armas- dijo Lukz apagando el sonido del silencio. Nunca estuve más de acuerdo con él.
-En Colonia hay una armería muy buena. Si llegas a tiempo podemos apretar al dueño antes que vea que es lo que pasa y piense en dispararnos.
-Vamos entonces- termino la discusión él, dejando la autoridad de lado para tener la mejor suerte. Poder hacer otra cosa que torturarse con la pregunta obvia: ¿Qué mierda estaba pasando?